EL TRABAJO EDITORIAL

Un editor es un profesional que ayuda al autor a dar forma definitiva a su original. Esta es la definición más simple que puedo encontrar para un oficio que equivale a realizar una cirugía de cerebro... literariamente hablando.

Cada pieza escrita es única en su género y soy consciente de que el autor ha invertido muchos meses de trabajo y muchas esperanzas en ese manuscrito que antiguamente era entregado en una resma de papel, pero que hoy en día, gracias a los medios eléctronicos, se recibe en un CD o en una Memoria USB.

En esas doscientas o trescientas páginas van los sueños de un ser humano, o las memorias de toda una vida, o las cicatrices que deja un poema en su autor, o un acto creativo maravilloso que solo la mente humana en su capacidad generadora puede producir. En las páginas que los autores han puesto a mi cuidado he leído los mejores consejos de vida, las más interesantes historias de viaje y muchos relatos conmovedores con un pronunciado tinte autobiográfico.

Motivos para escribir, sobran: dolor, alegría, altruismo... lecturas particulares del mundo en un atado de verdades que un editor debe cuidar y podar como si fueran flores de su propio jardín.

Me encanta mi trabajo porque la invisibilidad inherente al oficio es producto del más secreto arte de preparación de un texto para su presentación en sociedad. La depuración y la precisión linguística, no solo ayudan al autor a llevar un mensaje prísitino a sus compañeros de época, sino que también sirven para conservar el legado cultural de nuestro idioma hasta la siguiente generación.

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